27 de julio de 2009

Sueño invernal

26 de julio de 2009

Escrito detrás de un recibo

Bueno, aquí perdí un poquito de plata comprando otro rollo para la cámara de mamá. La señorita del mostrador me trató como a un conocido de toda la vida. Hola, cómo estás, me dijo. Me sentí bien. ¿Sabes? Es bueno venir a un lugar en donde nadie sabe quién mierda eres (o eras) ni qué cosa buscas allí. El mejor turista, el más amable, el más tragón. Donde, milagrosamente, eres nuevo, de nuevo: recién sacado de la caja, con sello de fábrica, con olor a plástico. Y te sientes bien haciendo las cosas, aunque sea por algunos días, como una buena persona.
M

22 de julio de 2009

Terca, monga y castigada

Estoy asada, asada conmigo porque soy una monga, y por serlo me acabo de pelear con mi mamá y me ha castigado, y ella no es de castigar así nomás. Porque sé que es mi culpa pe, porque me fui a casa de Nilda y yo le dije que me iba un toque nomás y yo me demoré, y Nilda me dijo que llamara a mi casa para avisar, pero como soy tan terca, tan monga, no llamé. Y ahora estoy bien catigada, porque son las siete y veinte de la noche. Qué aburrido, ¿no? Qué aburrida mi vida. Si no fuera por un montón de personas que la hacen, por momentos -por muchos momentos-, muy linda, más que linda. Tú eres uno de ellos, de los protagonistas, de los principales. Tengo una respuesta, Miguel: Te quiero.
Yo sigo con el castigo.
Malena

19 de julio de 2009

VIII

Que se arruinen los canales de noticias
-con lo mucho que odio la televisión-
que se vuelvan anticuadas las sonrisas
y se extingan todas las puestas de sol.
Que se supriman las doctrinas y deberes
que se terminen las películas de acción
que se destruyan en el mundo los placeres
y que se escriba hoy
una última canción.

Que desaparezcan todos los vecinos
y se coman las sobras de mi inocencia.
Que se vayan uno a uno los amigos
y acribillen mi pedazo de conciencia.

Que se consuman las palabras en los labios
que contaminen todo el agua del planeta.
O que renuncien los filántropos y sabios
Y que se muera hoy
hasta el ultimo poeta.

Pero que me quedes tú
y me quede tu abrazo
y el beso que inventas cada día
y que me quede aquí
despues del ocaso
Para siempre tu melancolía
Porque yo
dependo de ti
Y si me quedas tú
Me queda la vida...
Shakira

16 de julio de 2009

punto número uno: sobre el tiempo

hace exactamente dos años
yo regresaba del mismo retiro al que tú acabas de asistir
tenía recién cinco meses con ximena
y la vida me sonreía mucho
coqueta ella
como si grabara conmigo un comercial de chelas

ahora
mientras te escribo esta carta
paso las notas de mis alumnos al regristro
preparo con mucho cuidado una fiesta sorpresa para ximena
-con quien
por cierto
acabo de cumplir veintinueve meses-
e intento sin éxito acomodarme al terrible método de enseñanza que rige en san marcos
es decir
mi muy querido calamar
el tiempo pasa
el tiempo corre
en patines
cuesta abajo
y no tiene freno hasta que da el golpe
como bien dice una cantante española que se llama bebé
y la verdad es que no me puedo quejar
creo yo
porque las cosas
en términos generales
me han salido bien:
tengo por fin una chamba que me gusta
y ya empecé a estudiar
ejem
ejem
en una universidad cuyo examen de admisión se puede considerar entre los más pendejos del país
la gracia está
no sé si ya entendiste
en que me demoré dos años
por la puta madre
dos años en ser esto que estoy diciendo que soy ahora
y
obviamente
no era lo que tenía pensado
nada de esto era lo que tenía pensado
calamar
a mí el tiempo me traicionó
me torció el plan para siempre
casi me pega un borracho al que no le entendí lo que decía
me cayó aguarrás allá abajo
donde duele más
lloré de rabia por a mierda de paga que me dieron en la fonda de surco
cedí al sueño y me dormí en clase
-por primera vez en toda mi vida-
cuando estudiaba en la pre
salí a caminar con un nudo en la garganta la mañana en que me enteré que no había ingresado
y combatí mi alergia barriendo las escaleras del edificio de telejuán 19
en fin
calamar
nada de esto salió en la chapita marcada de mi pepsi
no me vino porque sí
ni las cosas buenas ni las malas
todo lo que pasó me ha servido
para tener paciencia
por ejemplo
para comprender realidades pero
de forma muy especial
para que veas los desagües destapados en los que me caí
y que tú no debes pisar
para que alimentes bien de cemento y ladrillo tus esperanzas
y no se termine pudriendo tu corazón antes de tiempo
M

13 de julio de 2009

Jamás te dije, ¿no?

Jamás te escribí en realidad, ¿o sí? Ahora, justo hoy, no lo recuerdo claramente, mi cabeza en estos días ha estado algo tocada... jeje... muchos exámenes, exposiciones y trabajos, todas esas cosas tan ricas cuando estudias... jajaja...

Bueno, estuve leyendo tu blog, y me hiciste recordar el periodo 2002-2005, el cole, cuando te conocí. Cuando un dia me invitaste a una reunión, que iban a ir algunos chicos a aprender no sé qué cosa, algo del cuchillo y una cocina, y bueno, si tengo tiempo vamos pues!, y fuimos, ese, aparte, claro, de la primera impresion que tuve de ti, se podría decir que son uno de los recuerdos mas antiguos que tengo contigo. Claro, la primera impresión fue -y creo que como la de todos los que luego pasamos a ser unos idiotas, imbéciles, pero que se querían tanto...- ¿quién sera ese imbécil que se rie tan fuerte?, ¿quién será ese idiota?, ¿qué hará o cómo será?, bueno... el estar allí, en el segundo año sanjosesino de mi vida tiene eso como recuerdo, preguntarme el quiénes y cómo eran las personas que estaban sentadas a mi alrededor, y claro, como tú ya me conoces, en un tono despectivo, aunque recordando... no tanto como ahora, cambios que da la vida... recordé, leyendo tu blog también, lo mucho que me gustaba escribir. Escribíamos y escribíamos; cada uno por su lado, ¿no?, cada uno en lo que le gustaba, escribiste siempre mejor que yo... Nuca dejé de hacerlo, claro, pero si le bajé mucho el volumen a lo escrito, dejé al principio de escribirle a Martha, luego a los amigos, y al final dejé de escribirle al mundo entero, y solo escribia para mí, de una forma bastante pura en realidad, aunque claro, los escritos mueren al culminarse, no imaginas cuántos correos debo haber escrito, cuántas cartas que jamás fueron enviadas: siempre fue para sacar lo que llevo dentro, para sacar el peso del mundo que uno siente en los hombros, y pues, como ya dije, es solo para sacarlo de nuestro sistema, o del mío para ser precisos, y claro, sin dañar a nadie, sin que nadie se entere, como me gustan las cosas, caletas... Mira, escribiéndote divago, nunca sigo el hilo de lo que escribo, y por eso jamás escribo algo largo ni intento contar historias, porque no llevo una hilación de las cosas, me gusta pasear, rondar por distintos espacios, y ahora, aprovechando que hablo de que escribía, y dejando todo de lado, jamás te dije ni te conté que tuve problemas en casa, ¿no?, imagino que lo debes de saber, y si no... ¿eres huevón?, jajajaja... Bueno, jamás te dije nada de eso, no me gusta hablar de eso por que me pongo sentimental y no sé qué mas... cosas que no me gustan porque me hacen parecer débil, y en realidad a mí me gusta aparentar frialdad, lejanía, y eso de ponerse sentimental, no diría que no va conmigo, pero me hace sentir débil como ya lo dije, vulnerable, sin armas, y no me gusta estar así... menos con un hombre... aunque tú... bueno... qué puedo decir... jajaja... serías mi único amigo gay, en todo caso... tú, M, tienes permiso... jajajaja...

Estoy bien, ando como puedo, como siempre, este correo es sólo para decirte que me aburrí de ocultarme en mí, como quien dice, salir del closet, y sentir el mundo de mierda en que me ha tocado vivir, y en todo caso rescatar lo mejor que tengo, que son ustedes, mis amigos, los idiotas e imbéciles con los que me reunía los domingos y podía pasar uno y mil días hablando de cualquier cosa, o simplemente disfrutar del vacio, y el silencio en el más estridente mutismo que pueda existir, sólo estar ahí.
Bueno, tengo que volver al trabajo...

Un abrazo...
Santiago
(Intruso)

10 de julio de 2009

Sobre los milagros

Cuando estaba pequeño, papá me leyó esta carta. La tengo guardada desde entonces y, gracias a Dios, es una de las cosas que todavía no se me pierden. Hace algunos días la saqué del cajón donde la conservo y la volví a leer. Sé muy bien por qué lo hice: hace bastante tiempo que no lloro y eso ya empezaba a preocuparme. Y no sé si esta carta es la más bonita que he me han escrito pero sí es la más importante: quizá todas las personas que han recibido de mí cartas a mano, a máquina, correos electrónicos, mensajes de texto, contraseñas, conjuros y canciones, encuentren aquí alguna explicación. Pero eso es otra cosa. La volví a leer, como decía, para saber cuán insensible me estoy volviendo. Y, bah, no hay nada de qué preocuparse: con algunas diferencias, sigo siendo el mismo niño que lloró de felicidad cuando papá le leyó esta carta.

Callao, 27 de marzo de 1989

Querido hijo:

Hoy has nacido y cómo me hubiese gustado que las cosas fueran tan distintas. Anoche, Domingo de la Pascua de Resurrección (1), tu mamá sufrió mucho porque la membrana de la fuente se le había roto quince días antes, y -por un motivo que todavía desconozco- obtuvo una infección, por la que tenía que operarse para que tú nacieras. Voy a contarte rápidamente lo acontecido, con el solo fin de que sepas cuánto te amamos tu mamá y yo.

Desde el Viernes Santo me encontraba con fuertes dolores de estómago que se prolongaron con fiebre. El domingo tuvimos un almuerzo al que asistimos tu mamá y yo. Ella tenía dolor en las caderas, pero no muy fuertes. Regresamos a la casa parroquial de la Matriz a las cuatro de la tarde porque a las seis el padre Harold tenía misa en la capilla de Guadalupe y yo tenía que estar antes para abrir la puerta, pero por el malestar me quedé dormido. Tu mamá se tomó la temperatura al regreso del almuerzo, no tenía fiebre pero sí el dolor un poco más agudo. Cuando desperté eran casi las siete de la noche y a Karin aún le dolían las caderas. Nos pusimos a ver la televisión y, mientras le frotaba las caderas, llegó tu tía Martha (la hermana de tu mamá) a dejarme un maletín. Volví a tomarle la temperatura y tenía 37.VIII pero se sentía calenturada. Se fue Martha y llegaron Sandra Luna y María de los Ángeles Arrieta (Maruja). Ya tu mamá tenía fiebre. Fui donde el padre Harold para pedirle algo que me ayudara con la fiebre de Karin, con la esperanza de que, al bajarle, pudiéramos ir al médico hoy lunes por la tarde. Pero no fue así.

Maruja y Sandra fueron por papas a la casa parroquial (eso nos serviría para bajar la fiebre de tu mamá). Luego fueron por el estetoscopio para asegurarse de tus latidos, y luego de un rato se fueron. Ya eran las diez de la noche. Al poco rato bajamos con tu mamá. Los dolores habían empezado y ya era hora de partir. Aquí comenzó la noche más desgraciada de mi vida. Y no por ti, hijo, sino por lo insensible que es nuestra sociedad. Cuando veas a alguien en una urgencia, recuerda que gracias a las personas que Dios puso en tu camino tu mamá y tú hoy están con vida.

Bajaron el padre Harold y Michael Beltrán, María Esther Aguilar, Mercedes López, Miriam y tu tía María, mi hermana. El padre Harold manejaba la camioneta y con Mary-Esther y Michael empezamos el viaje. Fuimos inmediatamente al hospital Sabogal, en Bellavista. Allí revisaron a tu mamá pero no tenía derecho a ser atendida porque mi tarjeta del seguro había vencido, no había personal administrativo para la firma de una carta poder y el estado de Karin era tan grave que debía ser operada, pero no ahí. Nos enviaron al hospital Carrión. Sólo le habían puesto una inyección para bajarle la fiebre y nada más. La referencia era ésta: “Estado febril. El niño viene en podálico (sentado para salir de pies). Fuerte infección. Primeriza. Siete meses de gestación”. Todo era igual a decir cesárea.

Llegamos al Carrión y la misma historia. No había ropa para operar, no tenían personal completo. La volvieron a revisar y la remitieron al hospital Santa Rosa, en Pueblo Libre. Allí presenté la orden con la explicación que di las dos veces anteriores. Lo mismo: vaya a la Maternidad de Lima o al hospital Loayza. El padre Harold se enfadó con el guardia por esta indolencia. Regresamos al Callao para la Clínica Barthon. Yo estoy ganando I/.52 000, que es el sueldo mínimo. El padre Harold me iba a ayudar con el pago de la Clínica, pero la garantía era de I/.100 000. El parto normal estaba entre I/.300 000 y I/.400 000. La cesárea costaba I/.700 000. El día en el cuarto más barato, bipersonal y sin alimentación, I/.11 000. Nos fuimos a la clínica Santa Cecilia, que está a la espalda de la Barthon: no había obstetras. Nos regresamos a Lima con la idea de ir a la Maternidad o al Loayza. Fuimos en una ambulancia que nos prestaron gracias a la intermediación de Alberto, el esposo de tu abuelita Blanca. Con ella nos fuimos a Lince, al hospital Edgardo Rebagliatti. Y allí, a las dos de la mañana de hoy, cuatro horas después de haber salido de casa, sin muchas esperanzas y con mi único deseo de que recibieran a Karin, el señor Muñoz, un buen hombre, miró los papeles del seguro, la partida de matrimonio y dijo que tu mamá podía ser atendida. A las dos y cuarto entró a la sala de operación y allí estuvo hasta las tres y media. Todo ese tiempo estuve ante Dios, lloré mis pecados y rogué por ustedes. Es fácil hablar de esperanza, pero no frente a la muerte. Esta madrugada le pedí que no se los llevara, creo nunca he llorado tanto. A un cuarto para las cuatro pregunté por ustedes: habías nacido prematuro y tu mamá estaba bien. Regresé a casa a las cuatro y media. El padre Harold, Meche, Mary, tu abuelita Blanca, Mary-Esther, tu tía Negra y tu abuelita Lidia, nadie podía dormir. Mientras operaban a Karin llamé a Mary: necesitaba hablar con alguien además de Dios. También llamé a Sandra y hablé con su mamá. Hoy, por más que he intentado verlos, no he podido.

He escrito nombres y apellidos porque algún día nos separaremos y quisiera que, si te encuentras con las personas que te mencioné en este relato, las respetes y las quieras. Sé agradecido con Dios y con las personas que puso en el camino de Karin y en mi camino. Quiero pedirle a tu mamá que me permita llamarte no Miguel Ángel sino Miguel Rodrigo. Miguel por mí y para seguir una tradición, y Rodrigo en agradecimiento al padre Harold (Harold Pablo Rodrigo), por todo lo bueno que ha sido con nosotros.

Termino pidiéndote disculpas por la letra, pero si no escribo ahora, aunque sea recostado en cama, no lo haría nunca.

Ruego a Dios que te haga bueno, sincero y respetuoso. Trabajador, honrado y muy devoto. Que siempre hagas lo que Él quiera de ti.

Tu papá, que te ama,

Miguel Ángel


(1) Todas las referencias a celebraciones importantes del calendario litúrgico se deben a que papá trabajaba como ministro extraordinario de la eucaristía en la Iglesia Matriz del Callao, asistiendo al padre Harold Marlow Corriere.